INDRAS: MISIÓN AMARTE

La madurez es esto. 12 canciones sólidas, consistentes, convincentes. Todo un oasis. Como una gran película. Como sucede en el cine, casi todos los buenos discos invitan a recorrer un trayecto, de la primera a la última canción. “Misión Amarte” es un viaje. Un viaje inolvidable lleno de buenas noticias, de grandes descubrimientos, de canciones sutiles y juegos sorprendentes. De emociones bien descritas. De sentimientos dibujados con trazo elegante. De rock dulce. De pop melancólico.

El viaje se abre con “Si te vas”, un tema sincero, templado, próximo, que desemboca en un estribillo arrollador, lleno de fuerza, rabia y buenos deseos. A partir de la primera pista, en cada corte, una agradable sorpresa. Desde la pegadiza confesión de “Nada sin tu amor”, hasta la vitalidad que brota de “Puedes ser tu”, el nuevo disco de Indras es un océano de fuerzas enfrentadas. De contrastes.

La energía salvaje, el rock, la desesperación, los ritmos nocturnos y diurnos, los tiempos lentos y pesados, la música más ligera, las voces suaves y los gritos desgarrados del rock, todo nos hace flotar en la riquísima atmósfera musical que han conseguido crear con este “Misión Amarte”. Una atmósfera de tensión. De tensión sobre tensión. Porque no hay ningún instante de ninguna canción que haya quedado en el aire, que no se haya estudiado y definido con cuidado. No hay aristas, ni altibajos.
Aunque lo que destaca es el conjunto, hay momentos realmente mágicos en “Misión amarte”. La tristeza de “Melancolía” tiñe el ambiente de blanco, de bruma, y convierte el horizonte de una derrota en un paisaje artístico lleno de belleza. Las verdades de “Las pequeñas cosas” nos levantan del suelo, nos empapan de optimismo, y nos recuerdan que también se pueden hacer grandes temas cantando con sencillez a los buenos momentos del amor.

La energía desborda en “Perdiendo la cabeza”, que invita a bailar por la desesperación, a abrazar la locura por reponerse a un amor, a jugársela. Un corte que crece además con esa forma tan original de modular las estrofas. Sorprende esa habilidad que tiene Indras para hacer saltar chispas en un tiempo medido de rock. Pero si se trata de chisppas y de echarse a bailar, tendremos ocasión de disfrutar más que nunca con el ritmo de sábado noche de “Soy raro”, o con el rock fresco de “Puedes ser tu”, cuyo sonido nos lleva además a identificar a los Indras de siempre y a comprender mejor cómo han llegado hasta aquí. Merece la pena elevarse y contemplar el trayecto recorrido.

Y es que el viaje no ha sido fácil. Todo empieza en el 2000, en Alicante. Ahí se reúnen seis chicos dispuestos a disfrutar versionando la música de otros. A los pocos meses, comienzan a componer sus propios temas y, de pronto, dan en la diana con “Priscila”, que se convierte en la bandera del grupo, y en su mejor carta de presentación. Un año después deciden aterrizar en Madrid y dedicarse de pleno a su pasión musical.

En la capital, graban maquetas y ofrecen decenas de actuaciones en las principales salas. Lo consiguen. Su constancia da resultado y pronto se hacen con el respaldo de numerosos seguidores que acuden a sus conciertos, corean sus canciones y empujan a Indras. Con su impulso y con el apoyo de El Pulpo de Cadena 100, lanzan en 2004 su primer disco, ‘Indras’. Un disco debut que es como una advertencia: esto es sólo el comienzo.

Siguen tocando y el público sigue respondiendo. Trabajan en nuevos temas y graban bajo la producción de Pablo Pinilla su segundo álbum. ‘Lejos del altar’ nos muestra a un grupo con un nuevo sonido, más próximo al pop inglés y también al pop español, con característicos destellos ‘beatle’. Una mezcla de influencias, estilos y décadas que hoy ya forma parte de la marca de la casa. El sonido de Indras.
Los dos últimos años se los han pasado trabajando en ‘Misión amarte’ que es, quizá, el disco que les faltaba. El paso que tenían que dar para consolidar su aventura y crecer. Y lo han aprovechado. Han demostrado que tienen un bagaje, una carrera, una sólida cultura musical, y mucho que ofrecer al panorama musical español. Ya no son los seis chicos que derrochaban talento e ilusiones haciendo versiones en Alicante, y ya no tienen que andar midiendo cada uno de sus pasos. Ahora se muestran libres, tranquilos, confiados. Y nos ofrecen canciones así, redondas. Hechas, grabadas y producidas a su medida. Por eso son rabiosamente sinceras. Y sinceramente rabiosas.
Tengo la impresión de que Indras han grabado por fin su disco. El disco. El que querían hacer. Y, tal vez, el que nosotros estábamos esperando. Sus mejores canciones están aquí.

Itxu Díaz